***
Me desperté un rato antes de que sonara la alarma y me quedé en la cama pensando en todo lo sucedido con Carla, no podía evitar llorar. Cuando vivía en España apenas discutíamos ¿y ahora que estamos a miles de kilómetros discutimos más que nunca? Era difícil entenderlo. Me levanté de la cama y empecé a buscar la ropa para ponerme. Estaba lloviendo y hacía un poco de frío, así que me costó bastante elegir la ropa.
Bajé a desayunar, mi padre ya se había ido así que decidí prepararme el desayuno yo sola. Calenté un bol de cereales con chocolate que lo engullí casi al instante. Salí de mi casa procurando llegar a tiempo a la parada del autobús.
Llegué al instituto un poco pronto, todavía no había llegado nadie y me tocó esperar un rato bajo la lluvia. No tenía paraguas, así que no tuve más remedio que empaparme. De pronto, llegó un deportivo azul que aparcó justo en frente mía, no sabía quién era, no se veía nada. Se abrió la puerta de ese espectacular deportivo y bajó Justin. Me quedé asombrada.
-Hola, te estás mojando ¿quieres pasar?
-No, gracias.
-No seas tonta, pasa que está lloviendo mucho y hasta que Joseph abra la puerta... -reía.
Decidí pasar, no sé por qué, pero lo decidí. En el fondo Justin era mi amigo. Creo...
-¿Qué tal esa muñeca?
-Bien... mañana voy al hospital a que me hagan una radiografía para ver qué tal está.
-¿Es grave?
-No -sonreí.
-Bueno, eso me tranquiliza... oye, ¿estás bien?
-Si... ¿por?
-Tienes mala cara.
-Es que he pasado una mala noche...
-¿Y eso?
-Nada en especial, no podía dormir.
-Eso es porque te has pasado la noche pensando en mi - dijo sarcásticamente.
-No, en todo caso pensaba en otro -bromeé.
-¿Qué pasa? ¿Que no te gusto?
-No, no eres mi tipo -mentí.
-No creo, yo soy el tipo de todas las mujeres -comenzamos a reír los dos. Me hacía falta reír un poco, después de todo parecía una amargada, no sonreía nunca.
De repente apareció un largo e incómodo silencio que no sabía como dismular, hasta que llegó Joseph y abrió la puerta.
-Bueno, muchas gracias por acogerme en tu coche.
-No hay de qué ¿te vas ya?
-Si, Joseph ya ha abierto la puerta.
-Ah vale.
Me dispuse a salir de aquel coche cuando de repente Justin me cogió del brazo.
-Sophie.
-¿Si?
-Un día... podíamos... quedar.
-¿Para qué?
-Quería decir que si quieres que te acompañe mañana al hospital.
-No, gracias. Me acompaña mi padre, o eso dice.
-Ah, como quieras...
-Bueno adiós, ¿no vienes?
-Si... ahora voy.
-Vale... ¿quieres que te espere?
-No, gracias, yo voy a mi ritmo.
Entré en el instituto y caminaba por aquellos pasillos con miedo a encontrarme con la malvada Tiffany y su perrito. Pasé a clase y todo estaba bien, no había venido. Lo raro es que Justin tampoco vino a clase y me preocupé un poco.
Pasó muy rápido el día y me alegré por ello. Llegué a mi casa y sorprendentemente estaba mi padre allí.
-Hola cielo.
-Hola papá. ¿Qué hay de comer?
-Pues no he tenido tiempo a prepararte nada, pero tenemos una pizza en la nevera.
-Vale.
-¿Qué tal en clase?
-Bien ¿por?
-No sé... por sacar un tema de conversación.
-Bueno, voy a preparar la pizza... ¿tu también quieres?
-No, gracias. Ya he comido en la oficina.
-Vale.
Fui a preparar la pizza. Comí y después de comer me tumbé en el sofá y encendí la televisión, después de un rato viendo "Los Simpsons" me quedé profundamente dormida.
Me desperté a las 19:00 y fui a la cocina. Había una nota:
"Hija, me tenía que ir, te has quedado redonda en el sofá y no quería despertarte. No sé si voy a estar en casa para cenar, así que prepárate algo o como veas. Te quiero."
Cogí de la cocina una bolsita de Lays y una lata de coca-cola y me dispuse a acabarme la bolsita y beberme el bote. Después, me propuse hacer los deberes que habían mandado hoy y tenía que estudiar para el examen que tenía el viernes de latín. Mientras estaba estudiando latín, me dormí. Me quedé bastante agusto ya que tenía mucho sueño acumulado de los anteriores días.
-Cielo, despierta.
-¿Qué hora es? -dije con voz de dormida.
-Son las 10.
-¿Qué? -pegué un salto.
-Tranquila, que hoy tenemos cita para ir al hospital para lo de la muñeca.
-Ah, qué susto.
-Anda vístete rápido y baja a desayunar.
Me vestí y bajé. Cuando estaba bajando por las escaleras el olor de tortitas recién hechas invadía toda la casa. Desayunamos y fuimos al hospital.
Llegamos allí hacia las 12 ya que no era la única de la familia que tenia problemas para orientarse.
Era un hospital bastante grande, sus pasillos eran blancos y era deprimente, como todos los hospitales. Al llegar mi padre habló con la secretaria y nos dijo que esperáramos en la sala de espera a que nos llamasen. Iban pasando las horas y nadie nos llamaba. Era un infierno.
-Papá, tengo hambre y sed ¿puedo ir a la cafetería a comprarme algo?
-Claro, cómprame a mi también algo de beber.
-Vale ¿qué quieres?
-Una coca-cola.
-Dame dinero por favor -sonreí.
Me dio 10 dólares.
-Lo que sobre para ti.
-Gracias papá.
Empecé a andar por aquellos pasillos impolutos hasta que, sorprendente mente llegué a la cafetería en un tiempo récord, digo que fue en un tiempo récord porque yo tenía problemas para llegar rápido a los sitios.
No había mucha gente afortunadamente. Cogí dos coca-colas de la máquina expendedora y un bocadillo de jamón y queso para mí.
En una de las mesas había una chica que estaba sola y parecía triste, así que decidí acercarme a hablar con ella.
-Hola -sonreí.
-Hola.
-Me llamo Sophie.
-Yo soy Ayleen ¿por qué estás aquí? no tienes mala pinta -dijo bromeando.
-Es que me he torcido la muñeca y estoy esperando a que me llamen para que me hagan algo ya. ¿Y tú?
-¿Yo? es complicado y largo de explicar... Además ... ¿no se me nota?
-Tengo tiempo de sobra -sonreí.
- Bueno, yo voy al instituto de aquí, más bien iba... cuando llegué al instituto estaba muy ilusionada y alegre de empezar una nueva etapa en mi vida y de cambiar de aires. Pero eso en el fondo no fue tan buena idea como yo me esperaba. Cuando llegué lo que pasaba era lo normal, me hacían novatadas... pero llegó un día que esas novatadas se convirtieron en putadas. Desde novatadas pasó a ser algo mucho más grave: insultos, peleas, etc. Ellas no se daban cuenta de lo que estaban haciendo y de lo que verdaderamente provocaban con esos insultos. Yo soy débil e insegura y pueden engañarme fácilmente. Un día comenzaron a llamarme gorda, vaca, foca, ballena... Me pasaba llorando días enteros porque no podía cambiar, no tenía fuerzas... un día dejé de comer, luego fueron dos, luego tres... y así hasta que he acabado como estoy ahora. Ellas se salieron con la suya y yo me estoy muriendo y estoy aquí sola porque no me quiero acercar a nadie por miedo a que me intenten hacer más daño. La gente es muy cruel.
-Es horrible...pero ¿quién te hizo todo eso?
-Leen ,¿ cuántas veces te he dicho que no puedes levantarte de la cama?
-Estaba cansada de estar allí, es muy aburrido y el color de las paredes me marea.
-Pero es lo que hay, todavía no te han dado el alta así que tienes que aguantarte. Lo siento pero tienes que marcharte, despídete de tu amiga.
-Adiós Sophie.
-Adiós Ayleen, sé fuerte.
-Lo seré... ah y encantada de conocerte.
-Igualmente - sonreí - espero que volvamos a vernos.
De pronto, recibí un mensaje. Algunos eran de Raúl, los borré sin leerlos y había también unos de Natalia. Natalia es la hermana de Carla. Me llevaba bien con ella, pero no entendía el por qué de su saludo.
-Hola Sophie.
-Hola ¿qué tal?
-Mal ¿y tú?
-Bien... ¿qué pasa?
-Verás, es sobre... Carla.
-¿Qué? ¿Qué ha pasado?

No hay comentarios:
Publicar un comentario