Hola, me llamo Sophie. Tengo 15 años y vivo en España, en un pueblecito al sur de Madrid llamado Campo Real, es bastante pequeño y no tiene muchas cosas, pero no se vive mal. En mi instituto de aquí nunca llegué a ser popular sólo por mi forma de ser: conservadora e insegura de mi misma.
Soy rubia y tengo los ojos verdes. Todo el mundo dice que tengo unos bonitos rasgos, aunque yo odio ser rubia. Mis ojos no están mal.
Todo esto comenzó cuando mis padres entraron en una profunda crisis:
Un día cuando mi padre llegó del trabajo encontró a mi madre acostándose con su mejor amigo.Yo tan sólo tenía 12 años y para mi fue un gran trauma. Al final lo arreglaron y mi madre le prometió que nunca volvería a pasar... hace 1 año cuando volví del instituto mi madre estaba otra vez engañando a mi padre, yo no sabía que hacer porque esta vez si mi padre se enteraba se iban a separar, pero si no se lo decía luego me sentiría mal. No tuve más remedio que decírselo y al final se acabaron divorciando.
Después del divorcio estuve varios meses muy deprimida, tan deprimida que ni siquiera tenía ganas de levantarme de la cama. ¿Para qué? Iban a empezar los juicios, las discusiones los problemas... Me pasaba los días llorando y llorando. Al final tuve que ir a terapia y eso me ayudó bastante, aunque aún no lo tengo superado del todo, ya que la separación de tus padres es un golpe muy fuerte.
Después del divorcio me hicieron elegir. Obviamente elegí a mi padre, ya que no podía ni mirar a los ojos a mi madre, no sólo engañó a mi padre, si no que a mi también.
Mi padre quería empezar una vida nueva y pensó en mudarnos a California, ya que mi padre nació allí y así puede olvidarse de mi madre.
La idea de cambiar de aires me parecía buena, pero iba a echar mucho de menos a Carla: mi única, irreemplazable y mejor amiga y la única que necesitaba, estaba ahí siempre, tanto cuando la necesitaba y cuando no también, y fue la que más me ayudó en el divorcio de mis padres y a Raúl : el típico malote que pasaba de mi cara, o esa es mi sensación porque Carla solía decir e que me miraba mucho en clase...
Cuando llego el día de marcharnos ni siquiera me despedí de mi madre; estaba demasiado resentida con ella para poder dirigirla la palabra.
Llegamos al aeropuerto a las 10 de la noche en una hora íbamos a embarcar y la verdad es que estaba nerviosa, la hora se me hizo eterna pero ya estábamos subiendo al avión. Al despegar no pude reprimir una pequeña lágrima que cayó al vacío. Después de todo iba a echar de menos ese pequeño pueblo, ya que en él viví toda mi infancia y allí estaba lo que yo más quería. Fue duro separarme de mi madre de repente, suponía que la iba a echar de menos aunque lo negaba...
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