Llegamos al aeropuerto a las 10 de la noche en una hora íbamos a embarcar y la verdad es que estaba nerviosa, la hora se me hizo eterna pero ya estábamos subiendo al avión. Al despegar no pude reprimir una pequeña lágrima que cayó al vacío. Después de todo iba a echar de menos ese pequeño pueblo, ya que en él viví toda mi infancia y allí estaba lo que yo más quería. Fue duro separarme de mi madre de repente, suponía que la iba a echar de menos aunque lo negaba...
Cogimos un taxi y llegamos a la urbanización en unos 20 minutos se me hizo cortísimo el camino. Al entrar en la urbanización todo eran casas lujosas con el césped recién cortado, vallas blancas y varios niños jugando en la calle, era todo muy acogedor y la casa estaba a pocos metros de la entrada .
Al entrar en la casa lo primero que me sorprendió fue que ya estaba amueblada y que había una señora de unos 50 años que aunque llevaba varias capas de maquillaje y botox no escondía su verdadera edad, creo que era la ex-dueña de la casa.
-¡Hola! ¿son ustedes los nuevos propietarios de la casa, cierto?
-Si soy Thomas y ésta es mi hija, Sophie.
-Bien, yo me llamo Edna mucho gusto.
-Hola, encantada.
Parecía una señora bastante agradable. Aunque el intento excesivo que tenía por parecer joven me abrumaba.
-Bueno, les explico: es una zona bastante tranquila y esta casa fue construida hace cuatro años por mi marido. Él falleció y yo no quiero vivir aquí, ya que se me hace demasiado grande y nuestros hijos tienen su vida hecha. Voy a vivir a la ciudad en un pequeño piso. ¿Quieren ver la casa?
-No hace falta, ya la iremos viendo nosotros , ademas creo que necesitamos un poco de relax ¿no Sophie?
-Si
-El viaje ha sido bastante estresante y estamos un poco cansados.
-Bueno pues entonces me voy, tienen el contrato encima de la mesa de la cocina , si necesitan algo o se siente solo, llámeme.
La verdad no sabia si era por lo de tener que crear un nuevo hogar o que la ex-dueña de la casa no dejaba de ligar con mi padre pero algo no funcionaba.
-Papá ¿qué tal si voy yo a elegir mi habitación?
-Claro, mientras tanto yo revisaré el contrato.
-Vale.
-Oye Sophie, ¿te encuentras bien?
-Si papá...
-Imagino que separarte a estas alturas de todos tus amigos y de tu madre te duela, pero creo que es lo mejor.
-Claro, si yo estoy feliz... -sonreía falsamente.
Al subir las escaleras no dejaba de pensar en todas las cosas que viví en mi hogar, en mi verdadero hogar con mis padres, y no pude resistir las ganas de llorar, pero no podía dejar que mi padre me viera mal, por que había mejorado mucho desde el divorcio o al menos quería que pensara eso, no quería preocuparle y tener que empezar otra vez a ir a terapia.
Estuve un buen rato mirando la multitud de habitaciones que había hasta que encontré una habitación al final del pasillo. Era realmente grande y una de las paredes era la mayoría ventanas y las vistas eran al barrio y por en segundo plano se podía observar las luces de los coches y los edificios de la gran ciudad. La habitación era de un color azul pastel realmente agradable y tenía una cama que parecía bastante confortable en el medio. Sin pensármelo dos veces bajé y se lo dije a mi padre.
-Papá, he encontrado una habitación, la que hay al final del pasillo, ¿me la puedo quedar?
-Ya sabía yo que te iba a gustar, claro que te la puedes quedar. Espera, que firmo unas cosas y subimos tus cosas.
Me encantó que me dejara quedarme la habitación, era perfecta para empezar una nueva vida... Además siempre dicen que la habitación refleja la personalidad del dueño y esa habitación me describía perfectamente.
Llevar las cosas al cuarto no me fue muy difícil porque había dejado casi todas mis cosas en España, ya que eran demasiado recuerdos dolorosos los que había allí. Nada más subir mis pocas cosas comencé a ordenar y decorar mi nueva habitación.
El tiempo pasó rápido, ya era la hora de cenar y tenía ganas de estar con mi padre. Habíamos pasado mucho tiempo juntos desde lo de mi madre y me había aferrado bastante a él, aunque en los últimos meses no le e visto demasiado por temas de su trabajo. Se pasa todo el día trabajando y no tiene tiempo de hacer nada. Pero al bajar lo único que vi fue una nota que decía:
"Cariño, lo siento mucho pero no voy a poder cenar contigo, me han llamado del trabajo y no he podido decir que no, hay algunos números de un par de pizzerías y restaurantes pegadas en la nevera. Y te he dejado aquí el dinero.Te quiero "
No me imaginaba así mi primer día en California, necesitaba a mi padre a mi lado y él no estaba allí, me había vuelto a fallar... En ese momento empecé a echar de menos a Carla, ella no me hubiera hecho esto y al menos no pasaba otra noche más sola.
Había pedido una pizza familiar de jamón y queso, ya que tenía mucha hambre; llevaba sin comer al menos 10 horas.
Lo pasé muy mal, necesitaba a mi padre, en ese momento pensé en todo lo que no tenía que pensar: en Raúl, en mi madre, en el momento que pillé a mi madre... Y fue imposible no deprimirme. Mi vida dio un vuelco absoluto en menos de un mes. ¿Que había hecho yo para merecerme todo esto?
No teníamos ni televisión ni nada así que lo único que hacía era pensar. De pronto, sonó mi teléfono móvil. Miré el número y era ella, mi amiga Carla. A veces me da por pensar que tenemos telepatía o algo así. Yo la necesitaba y ella me llamó.
-Hola Sophie, ¿qué tal?
-No muy bien ¿y tú?
-¿Qué ha pasado? ¿Has llegado ya?
-Si, si. He llegado, la casa muy bien, muy grande...
-¿Estás bien?
Esa pregunta es la que en ese momento necesitaba mucho escuchar. Mis ojos comenzaron a soltar lágrimas que caían por mi cara dejándomela llena de manchas de rimel.
-No, no estoy bien Carla -dije sollozando- desde que mi madre hizo esa barbaridad todo me va mal.
-Tranquila.
-No puedo estar tranquila... Pensaba que todo iba a ser mejor aquí, con mi nueva vida. Pero veo que me he equivocado.
-Sophie, ¿qué ha pasado? Acabas de llegar no sabes si irá mejor o peor.
-De momento si. Mi padre está todo el día trabajando, ni el primer día puede quedarse en casa para cenar conmigo. ¿Tengo la peste o algo? Y encima se va así, sin avisarme ni nada. No tiene ni valor de decírmelo, me deja una notita en la mesa de la cocina...
-Seguro que estará liado con su empresa.
-Y lo peor de todo es que no te podré volver a ver...
-Si lo harás, te lo prometo.
-No deberías hacerlo.
-¿Hacer qué?
-Prometer cosas que nunca se cumplirán... en un mes ya te habrás olvidado de mi y me llamarás cada vez menos... dejaremos de hablar.
-¿Qué? ¿En serio que piensas que yo haría eso?
-Claro que lo harás y yo no pienso estar sufriendo. Adiós.
Colgué sin esperar su despedida. Me volvió a llamar 10 veces más, pero no lo cogí. Empecé a llorar desconsoladamente, tanto que me dieron ganas de vomitar la poca comida que tenía dentro. Y pensar que mañana sería mi primer día de instituto agravó la situación.
Llegó el hombre con la pizza y no tuve más remedio que abrir la puerta, ya que la había pedido. Le pagué con el dinero que me dejó mi padre en la mesilla antes de abandonarme y cogí la pizza. No tenía ni una pizca de hambre así que la dejé en la encimera de la cocina.
En ese momento quería tirarme por el balcón, sinceramente. Pero preferí darme una ducha caliente. Después de la ducha me fui a mi desordenada habitación a descansar un poco, que al siguiente día tenía que madrugar.Estuve dando vueltas en mi cama y pensando en lo idiota que he sido ¿por qué he discutido con Carla? Ella no tenía la culpa y ahora no querría hablarme nunca más... me arrepentí al instante de la tontería que había cometido... Pero no había marcha atrás. Después de tanto pensar, conseguí conciliar el sueño.

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